Por su importante punto de vista, e incluso, para mi desición final al respecto, copio y pego desde la ventana muerta:
Ahora que se va acercando Ubuntu 8.04 hay una pregunta que muchos tenemos en la mente: ¿Actualizo o hago una instalación limpia?
Es una pregunta muy importante, pero no se puede elegir sin saber antes los pros y contras de ambas opciones:
Instalación limpia:
Pros:
- No se cambia nada en la rutina de instalación.
- Puedes cambiar la tabla de particiones, si quieres hacer algún cambio.
- Te encuentras con un sistema “virgen”, sin ningún tipo de modificaciones.
Contras:
- Todas las configuraciones y cambios hechos desaparecen (asumiendo que no tienes la carpeta /home aparte).
- Los cambios y hacks que habías hecho, y probablemente quieras volver a tener, tendrás que hacerlos de nuevo.
- Se tarda más tiempo.
- Vuelves a poner a cero el contador de “meses sin reinstalar Ubuntu”


Instalación sucia o actualización:
Pros:
- Muy simple. 2 comandos y un reinicio y ya lo tienes actualizado.
- Las modificaciones que hiciste al sistema “sobrevivirán”.
- La mayoría de las preferencias y configuraciones de los programas actualizados seguirán funcionando bien.
- Puedes estar orgulloso y contar a todo el mundo que llevas 10 años sin reinstalar el SO

Contras:
- Si algo no está funcionando correctamente, rara vez se arreglará actualizando.
- Algunas modificaciones del sistema no funcionarán.
- A veces las nuevas características no se instalan apropiadamente con una actualización.
- No tienes un CD de Ubuntu que dar a tus amigos cuando has terminado de actualizar.
Ahora, dependiendo de tus preferencias elegirás una manera u otra. Yo he preferido actualizar pero me estoy replanteando si volver a empezar con un sistema casi limpio, porque tengo el /home aparte.
Personalmente prefiero una instalación desde cero a una actualización, por algunas de la ventajas que antes os he expuesto.
Basado en un artículo de Linux Journal.
Creo que haré nueva instalación…
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